Una Lectura sobre Sísifo

 

 

El primer paso del universo absurdo, es el despertar definitivo o, por el contrario, el retorno a la condena de la normalidad. 




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No creáis que por amar la acción hube de desaprender a pensar

            Camus



 

Camus nos deja el grito de la rebelión, esa desedificación de la unidad, la descolonización del pensamiento universal, inarmónico y disonante. Nos deja el salto al vacío, al absurdo, siempre distante de esa sociedad precaria, sin reflexión y consciencia. Nos deja el sufrimiento y la angustia como manifiesto de un espíritu libre que se reconoce así mismo en la desgracia y la fealdad.

Tres personajes absurdos—, hacen parte del mito de Sísifo que me gusta mencionar; el conquistador, encargado de las determinaciones, de los saltos y las decisiones. El segundo es Don Juan, su función es seducir. El tercero es el comediante; desenmascara y desnuda la realidad, tres pilares del absurdo resumidos así; Espíritu, Conocimiento e Inteligencia.

La universalidad como pensamiento, es el simbolismo y la representación de un régimen conceptual, teórico, satanizado por la razón, que impone e insiste en precisar verdades, bajo la imperiosa necesidad de la explicación, como uso extremo de dominio y control, sobre el desvalido y huérfano, receptivo y atrincherado por la apabullante voz de la “razón triunfante”, utilitaria y descomunal.

El Mito de Sísifo es un pequeño aliciente que incita a reflexionar la crisis del pensamiento, y en especial, el dictamen jerárquico, disfrazado con el antifaz del conocimiento, vil instrumento de legitimidad y manipulación, acorde a la percepción universal del pensamiento, conforme al movimiento perpetuo, horizontal y plano de la historia. La pregunta que nos permite trazar el puente hacia el absurdo—, es ¿cómo quebrantar el cerco invisible de “la razón triunfante”? y mejor aún, a ¿qué enfrentarnos, como sociedad desdibujada, descolonizada y huérfana, sin heroicidad y triunfalismo? ¿Cómo asumir la desnudes y el despojo, “la levedad insoportable” del reconocimiento del yo? Quizás la apuesta, sea trepar el muro inquisitivo de la verdad y saltar hacia el vacío, hacia la nada, hacia el absurdo, donde no existan verdades, amparadas bajo el manto blanquecino de la luz y la esperanza. “Para un espíritu absurdo toda razón es vana”. La esperanza de un porvenir, no es más que una sombría del pensamiento, turbia en el marco de la cotidianidad, del movimiento avasallante sin detención y pausa, sin consciencia.

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