SpaceX Falcon 9 y Otras Atrocidades del Mundo Espacial


Más allá de la Pandemia




 

"Gloria sin decirle nada lo instaló junto a la ventana donde montaría todo su laboratorio de espionaje, lo ubicó como si fuera a derrumbar un Kfir doble cabina, o uno de los Mirage que pasan a la velocidad del sonido y que ya han empezado a quedar registrados como los nuevos aviones del ejército Norte Americano sobrevolando las montañas del territorio Nacional, aviones que nunca antes habíamos visto, ni siquiera en la televisión. Por esta misma razón le pedí el favor de ocultar el periódico que anunciara la invasión de las tropas de los Estados Unidos a Venezuela y el detonante de una posible Tercera Guerra Mundial".

 

 

                                                                                                                                                                                                                               

 

               “Una última cosa; No pasen por las tumbas sin leer, es de mala educación”. 




A las cuatro de la tarde Mercedes arrastra sus alpargatas blancas en busca de la mecedora junto al cristo de madera, que también vigila a los demonios del hospital. Se sienta con los ángeles a maldecir el mundo, blasfema de todos, de mí, de usted, que no ha de conocerlo, de Julia, la señora del frente que le dio por tirar los dientes desde el balcón, de Beatriz, la paciente más antigua del hospital, que dice  tener dos amantes, el primero es un guarda de seguridad de un edificio fantasma junto a la carrilera, y el otro es el conductor de la carroza fúnebre. A Beatriz toda la vida le gustaron los criminales me lo confesó hace unos días, cuando me dijo que  le gustaban los sicarios, ya le puso el ojo al pistolero, pobre niño, ella con cuarenta y cinco y él con trece. Luz es la nueva sospechosa de contagio, llegó hace poco, sin papeles y sin nombre, no tiene familia y nadie le habla y pues ella al parecer tampoco habla con nadie, por eso no hay mucho que decir, es un mueble en desuso como muchos más del hospital incluyendo los libros de la estantería que nadie se atreve a hojear, unos dicen que la trajeron con el pretexto de acompañar a Teresa, que al parecer sí está enferma, pero es incierto, los hijos la enfermaron para quedarse con la casa donde actualmente viven, al médico, un epidemiólogo famoso le dieron comisión, no sé cuánto, pero le dieron buena parte de las propiedades de Teresa con el fin de manipular unas pruebas del laboratorio que dieran positivo para Covid 19. Mamá estás enferma y te vamos a mandar unos días para el hospital. Yo no estoy enferma, grita por la venta del cuarto que conduce a la calle solitaria. Sí lo estás, es por tu bien y por el bien de los demás, de la humanidad. Al carajo la maldita humanidad. Al fondo del pasillo el grito viaja entre los barandales del pabellón; No estoy enferma. Es demasiado tarde, ningún enfermo quisiera estarlo. Lili es otra paciente que murió esta semana, igual que Gabriela, la hija del señor Londoño y Luzbel —aquí a todas las sin nombres les ponen Luz—. Ella no ha muerto, pero está en cuidados intensivos, junto a Julia y Flor que se salvó de la pandemia, pero no del acecho del asesino a sueldo que la arrolló en una camioneta roja días después de haber salido de aquí, se arrodilló en medio de la calle junto a una hilera de muertos a suplicarle a Dios que detuviera la pandemia, la camioneta le pasó por encima, se lo habíamos dicho; Flor dejá de arrodillarte que la calle no es un santuario para pedir por los enfermos y mucho menos por los muertos de esta ciudad. Ella seguramente creyó que la camioneta de vidrios completamente oscuros se iba a detener con la fuerza bendita del más allá, pero las camionetas y las balas no las detiene nadie, ni siquiera la cruz de cristo que han puesto en todos los hospitales y avenidas de la ciudad.

 En éste hospital fuera de haber enfermos y psicópatas también hay quienes vigilan permanentemente a otros reclusos fuera de sus quehaceres cotidianos del aislamiento preventivo, los vigilantes son tres; la primera de ellas, es la tuerta, las otras dos, son Gloria y Marcela, Marcela vive en el último piso del edificio con Julia quien no ha encontrado otra razón de ser que la de lanzar los dientes y sus excrementos a todo aquel que pasa por debajo del tejar. Gloria ha querido mejorar sus capacidades de observación, quiere ver más allá del encierro, y para eso ha estado pensando en un telescopio, un aparatico cilíndrico que revolucionó el mundo hace cinco siglos atrás con el fin de ver más cerca la luz de las estrellas, le contó a Mercedes la posibilidad de traer el telescopio y la importancia que éste pudiera ocasionar en los enfermos al poder ver las estrellas, con el telescopio todo será diferente, por qué no le decís a Luís que te regale uno para que podás ver mejor, con mayor alcance y cobertura.

 El telescopio que Gloría quiere, lo tienen en promoción en la prendería que no han vuelto abrir por la pandemia. A qué no adivina de quién era el telescopio. De Suarez, cómo sabés. Estaba pensando en él, el papá lo castigó por haberte disparado, y porque de igual manera ya tenía una estrategia militar para acabar con una comunidad de ancianos. No lo comprés que a lo mejor es robado, como todo lo que tienen en la prendería, a mí no me importa que sea robado, aquí todo es robado, qué le vamos hacer si así nos tocó vivir, cómo, distanciados y con pantallas en los cuartos, por lo menos el telescopio servirá  para ver mejor las estrellas y el nuevo planeta que andan diciendo que apareció, no lo has visto todavía, ponga el ojo en la pantalla y escuche. Viste, es parecido a Marte y a la Tierra, con éste ya son dos planetas que podemos visitar, falta por ver cuántos más descubren o van apareciendo en el camino, hace unos días despegó el SpaceX Falcon 9 con dos astronautas a bordo; Hurley y Behnken, espero los puedas conocer, sus rostros están regados por internet, si regresan con vida, en tres meses, será la primera vez que los humanos podamos hacer viajes espaciales, no sólo a la Luna, sino a  Marte. Ojalá no corra con la misma suerte de sus antecesores, el Challenger explotó en los ochenta, el último fue el Colombia, hace diez y siete años, se desintegró en el regreso y murieron los siete tripulantes, lo vimos todo en la televisión, aún no logro superarlo. No creo que estés pensando en ir a otro planeta en este momento, es demasiado tarde, no deberías decir “podremos”, sino “podrán”. Salir de aquí va a ser complicado, duplicaron la seguridad, si algún día salimos no lo haremos por nuestros propios medios, nos sacarán en cajas de cartón, como han hecho con el resto de los muertos, derechito para la fosa que hicieron junto a la terminal del tren. Yo tengo la esperanza de seguir acabando, no sólo éste planeta que ya bastante jodido está, sino los otros, será una nueva conquista espacial, la más grande y poderosa de la historia. No hablemos más de viajes espaciales que no demoran en pasar los de la guardia y nos escuchan. Nos faltó hablar de Verne, otro día hablamos de sus viajes. Tan sólo quiero saber cómo se llama el nuevo planeta, no podemos hablar, menos en la sala, necesito saber cómo se llama el planeta. Diez, gritaron, hasta ese momento no sabía quién había sido, no se sentía un alma cerca de nosotros, hasta que el grito volvió; El nuevo planeta de la vía láctea se llama diez, finalmente supe que era Marcela trepada en el tejar. Y Cuántos son, le grité lo más fuerte que pude. Ocho, volvió a gritar, más uno, nueve. Entonces éste por qué es diez. Sólo ecos perdidos de monosílabos y fonemas entrecortados fueron quedando perdidos entre los pasillos junto con los otros gritos del encierro. Se saltaron uno, volvieron a gritar, ésta vez no fue Marcela. No se lo saltaron; es el diez del sistema solar. La vida planetaria no existe, mucho menos el SpaceX y el Crew Dragon, que despegaron de la Florida con la incertidumbre de un viaje sin regreso. Son los distractores del mundo. Mirá como dejaron al pobre Luís, el viejo que no hacía si no leer noticias.

Fueron inútiles las súplicas de Fernando, con los días apareció con el aparato en el hospital, no me pregunte cómo, porque no tengo la menor idea cómo logró ingresar el telescopio, según tengo entendido cualquier tipo de artefacto tecnológico que no sea aprobado por la ciencia no puede ingresar a sus laboratorios. Los guardas no pusieron problema al entrar, seguramente sabían que era el nuevo juguete de las inquilinas del dos cero dos y ni siquiera lo abrieron, pudo haber sido una bomba, un fusil o una escopeta de largo alcance encubierta en una caja blanca de un metro y medio con la inofensiva imagen de un insípido tubo cilíndrico apuntando hacia lo más oscuro del firmamento.

 Fernando destapó el aparato y lo primero en hacer fue parar las patas del trípode donde iría el telescopio y se puso a empatar los tubos con los lentes de acuerdo a las indicaciones del manual escrito en cinco idiomas diferentes, ninguno en español. Ahora entiendo el niño de la prendería, un muchachito de la misma edad de Suarez, dijo que el telescopio había sido durante muchos años la mejor arma de guerra, desde Galileo Galilei al que condenaron por querer ver más allá de sus narices hasta la fecha. Fernando le puso todas las partes y lo dejó listo para observar el firmamento, Gloria sin decirle nada lo instaló junto a la ventana donde montaría todo su laboratorio de espionaje, lo ubicó como si fuera a derrumbar un Kfir doble cabina, o uno de los Mirage que pasan a la velocidad del sonido y que ya han empezado a quedar registrados como los nuevos aviones del ejército Norte Americano sobrevolando las montañas del territorio Nacional, aviones que nunca antes habíamos visto, ni siquiera en la televisión. Por esta misma razón le pedí el favor de ocultar el periódico que anunciara la invasión de las tropas de los Estados Unidos a Venezuela y el detonante de una posible Tercera Guerra Mundial. Saque todos los artículos de la guerra, no deje ni uno que mencione el colapso de los bancos, de los hospitales y de los cementerios atiborrados por las multitudinarias muertes, incluido los últimos suicidios de la Torre C.

Pasáme el periódico sin sacarle una sola hoja, las tengo contadas, ni se te ocurra abrirlo, o sacarlo del empaque, se le va el aura, el olorcito que tanto me seduce del papel. Si le decís que me la he pasado leyendo gritaré como un bendito esquizofrénico por el balcón, para que escuchen todos y se den cuenta que aquí en este encierro vive un loco. Uno más para la colección del hospital, que sigue almacenando enfermos, mire, ahí van con dos, al parecer son de alto riesgo porque llevan máscaras de oxígeno y los trasladan al sótano donde ningún enfermo quisiera ir, no hay nada distinto al sufrimiento, no hay drogas que controlen la epidemia, ni tranquilizantes que permitan la serenidad y la muerte en mejores condiciones, es el fin. La cadena de la muerte se expande. La ley es simple, quien entra jamás vuelve a salir, si no es en una caja de cartón. Nadie te va a escuchar. Si llega y te ve leyendo te hace amarrar como esta semana, yo no tengo la culpa de este encierro, se los he manifestado varias veces, pero no acataron mis peticiones, como usted que tampoco fue capaz de disparar cuando se lo pedí, apunte bien, sobre la sien, se acuerda, no era necesario haber cerrado el ojo, era tan sólo apuntar y hundir el gatillo y no hacer más nada que esperar a que la sangre corriera lento por el cuarto, pero no fuiste capaz de empuñar el arma y levantarla a la distancia del hombro, como hacen los verdaderos asesinos, por lo tanto no me digás más que debo y que no debo de hacer, por ahora déjeme solo que voy a escribir el epitafio de Gabriela la primer muerta de la pandemia en Colombia. Una última cosa; No pasen por las tumbas sin leer, es de mala educación.


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