Entre lo Absurdo y lo Normal "El Mito de Sísifo"







La condena circundante









Ente lo Absurdo y lo Normal


 

 

 

 

Hay quienes están hechos para vivir y quienes están hechos para amar”

Albert Camus

 

 

 

 

 

Traer a colación la obra y el pensamiento de Albert Camus y en especial el Mito de Sísifo, se ha convertido en un gran aliciente para reflexionar sobre la crisis del pensamiento y en especial sobre el dictamen de las jerarquías que disfrazan el conocimiento y hacen de él un instrumento válido para manipular y gobernar a su antojo una sociedad imbuida en sus referentes epistemológicos, ese cerco que abriga la verdad y la universaliza con el fin de homogenizar y dividir la humanidad ha repercutido en que el pensamiento se convierta en una acción monótona y repetitiva que sigue a cabalidad la linealidad histórica de sus mayores exponentes ¿cómo quebrantar el cerco del pensamiento de “la razón triunfante”, y a qué atenerse? es la gran apuesta de Camus, examinar el vacío, la caída, la única forma de adentrarse en el mundo absurdo, trascender la barrera, saltar el muro del conocimiento para encontrar la clarividencia en la oscuridad, no en la luz incandescente que ilumina a sus secuaces, que con tanto "mérito" han invertido para que el brillo no los abandone y los deje a la intemperie de la desnudez. Dar el paso representa lo que Camus llamaría un “suicidio filosófico”, el desprendimiento del dogma amparado por la esperanza y la eternidad, dos conceptos que el existencialismo y el pensamiento absurdo van a negar por su fuerte vinculación a los mecanismos de poder que atan y cohíben la libertad del pensamiento, “para un espíritu absurdo toda razón es vana”, por lo tanto toda esperanza no es más que una ilusión difusa que reconforta la vida sin sentido en el marco de la cotidianidad y su movimiento que no es otro que el avasallante imperio circundante de la razón que conduce apresuradamente el “carruaje” de la existencia, evitando así toda confrontación, posible únicamente, en la detención del movimiento a lo que Camus llamaría “lasitud” o desfallecimiento para referirse a la fatiga, es el principio de lo absurdo, “el clima de lo absurdo está en el comienzo, el final es el universo absurdo”, quiere decir que el malestar, el desahucio de una vida inscrita en la fogosidad cotidiana, en el afán por la supervivencia, esa pugna sangrienta, como diría Sócrates a Fedro en el mito de las aurigas donde las almas también compiten por la contemplación y el conocimiento, representan la enfermedad y con ella la aparición de la conciencia, punto central de la filosofía existencial y el primer paso del universo absurdo, como lo mencionaba ahora, el despertar definitivo o por el contrario, “la continuación a la vuelta inconsciente de la cadena”, el regreso a la normalidad, al retorno, a la condena circundante, Erich Fromm tiene una tesis similar a lo que intento exponer ante la condena y el retorno a una vida sin sentido en el marco de “la normalidad”, “el sufrimiento constituye un objeto apetecible”, nos dice Fromm en su libro “El Miedo a la Libertad”, que las tendencias masoquistas son manifestaciones inconscientes alusivas a la insignificancia existencial, un deseo arraigado a la disminución, al sentimiento de inferioridad y a la debilidad e incapacidad por dominar y controlar cierto tipo de cosas, por lo tanto son sujetos dependientes de poderes exteriores que se someten a líderes que brindan esa seguridad, en este caso un ser superior. Esta concepción tiene un análisis psicoanalítico mucho más amplio, pero aquí tan solo es necesario introducir la descripción fenoménica para representar esa incapacidad de elegir por sí mismos y la necesidad imperiosa por pertenecer a ciertos líderes cuyas representaciones enmarcan el poder autoritario de los sádicos es el tipo de humanidad que busca retomar con el peso de la piedra nuevamente el peñasco y seguir padeciendo las secuelas de la eternidad y la esperanza ofrecida por sus líderes y referentes. Para éste punto es importante resaltar tres personajes absurdos, que complementan el mito de Sísifo y que sin ellos no sería posible adentrarse en la concepción absurda, tres fichas fundamentales del combate, el conquistador, quien nos dice de entrada; “no creáis que por amar la <<acción>> hube de desaprender a <<pensar>>. Camus asocia al conquistador con el espíritu, pues es el encargado de las determinaciones, de los saltos, de las decisiones; en algún momento habrá que pasar de la “contemplación” a la “acción”, es el desgarramiento de la universalidad, de la ciencia y la explicación con el fin de poder ver con mayor claridad, desde la barrera de lo absurdo, el segundo personaje es Don Juan, quien se muestra como un seductor, su función es seducir, por ende, antes de que ustedes lo descubran haré este acertijo que me permitieron descubrirlo o al menos dar con su posible paradero; 

“Cuanto más se ama más se consolida lo absurdo”. 

“Los tristes tienen dos maneras para estarlo, los que ignoran y los que esperan, por lo tanto Don Juan sabe y no espera”. 

“La inteligencia conoce sus fronteras”. 

“El infierno hay que desafiarlo”. 

Y esta última;

 “Hay quienes están hechos para vivir y quienes están hechos para amar”. (…) 

Mientras ustedes indagan o buscan su significado haré referencia a la doble connotación que puede tener el conocimiento en cuanto a libertad y encierro; el primero representa lo absurdo, el segundo las ataduras oficiales del régimen autoritario del poder divino de la razón y demás metafísicas impostoras de la verdad que han ahondado en la explicación y la confusión, producto del atiborramiento utilitario y descomunal del progreso deshumanizado. Falta un personaje del absurdo, el actor principal de la comedia; el comediante, es quien desenmascara y desnuda la realidad. Estos tres personajes cuyos seudónimos son fáciles de descubrir de acuerdo al orden mencionado; el Espíritu, el Conocimiento y la Inteligencia, tres pilares para dar el salto y convivir dentro de lo absurdo confrontando las verdades desde lo profundo de las irracionalidades donde habitan los rostros de las verdades. Para concluir con el encadenamiento los dejo con el grito absurdo de la rebelión, con la des-unificación  de la unidad democrática, con la des-universalidad conceptual del pensamiento, acorde y lineal, con el fin de lograr el salto definitivo hacia lo absurdo y huir de la sociedad esquizoide y racional en la cual estamos imbuidos como sujetos dependientes sin conciencia y sin reflexión pues ambas hacen parte de la necesidad de esclarecer el turbio camino del cambio y la transformación, sin obviar que  el sufrimiento y la angustia son el detonante de la conciencia que encontramos no en la subida del peñasco sino en la caída de la cima.


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