El olor del Maíz


 

El Olor del Maíz

José Alejandro Vargas

 

 

 

                                                                                                                                                                                                         El ignorante se aburre en los caminos; solo percibe las sensaciones de cansancio y de distancia.

Fernando González

 Viaje a Pie

 

 

 

 

Antes de cruzar por la registradora de acero que tienen algunos buses a la entrada le pregunté al chófer, un hombre gordo con más de doscientas libras aplastado sobre un cojín de cuero ¿si pasaba por la calle quince con carrera trece? el gordo, incapaz de mover la cabeza hacia un costado, con ambas manos sostenidas en el manubrio, miró por el retrovisor, vi su ceño de luchador en el espejo mientras halaba un trapo rancio de color rojo enrollado sobre su cuello de tortuga con el que luego limpió su frente enlodada de sudor. —Lo dejo en la doce —me dijo, con una voz tenue que se perdía con el rugir del motor—. Pasé la cruceta de hierro, era un domingo 28 de abril, el sol alumbraba las calles desiertas y los borrachos tendidos como cadáveres sobre la cera, bajo los cobertizos de plástico. Los domingos en la mañana viajan pocos pasajeros en el bus, la mayoría son mujeres que trabajan en los hoteles del centro, edificios viejos de los años veinte y treinta con arquitectura Art Déco con curvas espirales que se tragan esquinas enteras, cúpulas en la azotea y marcos rectilíneos de sesenta pies de altura, sobrevivientes a las bombas de los carteles en los noventa y al primer terremoto a inicios del nuevo siglo, en las profundidades oscuras del pacífico, en el cinturón de fuego. A las cuatro y seis minutos de la madrugada, el cielo se tiñó —igual que en la película de Michael Bay, Armageddon—, con destellos y relámpagos de color rojo, el cableado eléctrico de los postes de energía amenazó a la ciudad con permanecer durante largas horas sin luz, condenada a la oscuridad de los astros, la gente huyó de los edificios y pasaron el resto de la madrugada en los parques, otros abandonaron las torres para siempre y optaron por vivir lejos de la ciudad, en el campo, en sus fincas de veraneo. Los edificios de la Roosevelt amanecieron con grietas profundas que amenazaban con su estabilidad, la gente volvió hablar de las profecías europeas de seiscientos años atrás cuando Nostradamus predijo el fin de los tiempos.

 

II

 

Siempre busco —vaya lleno o vacío—, el último puesto del bus, al costado izquierdo, en la misma franja del conductor, por si nos llegamos a estrellar contra una de estas ceibas gigantes de la sexta mientras zigzagueamos a 60 kilómetros de velocidad junto a los motociclistas que descienden de Montebello y las ambulancias que no paran de correr, con las sirenas encendidas para evadir la luz roja de los semáforos.  Me gusta subir las rodillas sobre el espaldar del frente mientras el bus avanza y escurrirme en las sillas para mirar con detalle los pasajeros que se van subiendo, hay veces en que me voy contándolos, de uno en uno, de atrás hacia adelante, sin que ellos me observen que los miro, huelo sus cuerpos vestidos, sus uniformes impecables con sus logos en el corazón de sus cuerpos, impresos en la franela de color pastel, huelo  sus perfumes dulces, sus cabellos rizados, hirsutos, rubios, siempre rubios —como Pamela Anderson, la rubia eterna de los guardianes de la bahía—, palpo sus pieles paso a paso, soy un pasajero oculto, igual a ellos, sumergido en la multitud, en el hollín de las latas que se calienta e hierve, soy un espía sin oficio que viaja de norte a sur contando pasajeros y tulipanes africanos sobre la cuenca de los ríos Lili y Cañaveralejo, y digo viajo —como Fernando González, el filósofo de a pie, que igual que yo, perseguimos el mar del sur desde las montañas—,  porque, aunque no lo crean, es más rápido llegar al mar, saliendo del oeste de la glorieta de Maríamulata —donde el chango negro observa con sus ojos grandes y amarillos el pacífico, perdido en las altas montañas de Terrón Colorado, y el bosque de niebla a los dos mil metros de altura, donde vuela entre yarumos blancos el Quetzal, la serpiente emplumada de pico amarillo, Quetzalcóatl, Dios de Mesoamérica, guiador de los muertos, divinidad de los enfermos y las deformidades humanas—, que traspasar esta ciudad intransitable desde los Álamos un barrio al nororiente de Cali—, hasta las Cañas Gordas, a una calle de la Iglesia la María, donde hace 23 años, también un domingo como hoy, en horas de la mañana secuestraron a ciento ochenta feligreses de Ciudad Jardín, era el final de los noventa, 1999, el año del anticristo, del profeta Nostradamus, del fin del mundo, pero también del nuevo siglo, de la guerra de los paramilitares, de grupos guerrilleros, de las pescas milagrosas, de las desapariciones forzadas, de las cuatrocientas masacres y de las mil ochocientas sesenta y tres personas muertas en el mismo año, en 1999 Luis Alfredo Garavito, el monstruo de Génova, fue condenado a cuarenta años por violar y asesinar a ciento ochenta y nueve niños. Mientras transcurría el último año del siglo, en el barrio Quinta Paredes en Bogotá, varios disparos acabaron con el lustrador de zapatos, Heriberto de la Calle, cuatro meses antes, en el Reino Unido, de un infarto el inventor de la Naranja Mecánica Stanley Kubrick le decía adiós al mundo, murió, igual que el entrañable amigo de Borges, Adolfo Bioy Casares...

 

III

 

Bajé las rodillas y me senté con las piernas juntas, cerré los ojos en la multitud para escuchar el río y las guacamayas carisecas que vuelan en las primeras horas del día sobre las palmeras de chonta que rompen el viento de la montaña. A escasos metros, un ruido humano me despertó, eran los vendedores de rosas de la octava con diez, corrían con sus baldes llenos de flores por la cera del frente, hasta Santa Rosa de Lima donde se perdían en el claustro de la patrona del Perú, las campanas de las torres cilíndricas sonaron a la par, el eco del campanario se apacigua en el Calvario, los campesinos indígenas de Tocotá y San Bernardo del Viento, huyen de la Policía por la supuesta invasión del espacio público. A unas calles más abajo un edificio blanco de diez y ocho pisos, asoma sus fauces, se impone ante los transeúntes, es el Palacio de la Justicia, donde hace catorce años un carrobomba con ochenta kilogramos de explosivos explotó sobre las doce y cinco de la madrugada, cuatro personas mientras conciliaban el sueño murieron estalladas. El bus cruzó a mano derecha, por una calle larga y estrecha, dos perros resignados de color amarillo caminan lento por la cera, son viejos caminantes del centro, la piel les cuelga del esqueleto, las costillas se mueven a la misma velocidad del bus, hay huecos en la calle y gatos muertos con las vísceras afuera. En el cableado de la energía dos gallinazos adultos observan.

El conductor detuvo el bus.

¡El de la trece!

¡Sí señor!

 Volvió a mirar por el retrovisor. Ambos nos miramos en el mismo marco, me dijo que me fuera derecho, hasta la estación de policía el gordo señaló la calle por donde debía caminar, al lado está la iglesia de Fray Damián. La estación lleva el mismo nombre de la iglesia. ¿Sí...? olvidaba que los policías también son franciscanos.

Es lo más cerca que lo puedo dejar —me dijo.

Caminé hasta el final de la calle. No volví a ver carros, ni árboles, ni gatos, ni perros, solo un cielo infinitamente azul aposentando sobre las casas del Calvario, donde no es necesario tocar la puerta para entrar, las puertas siempre están abiertas, qué raro ¿no?  allí todos entran y salen por el mismo lado. Aunque dicen que muchos de los que entran, no vuelven a salir nunca.

—¡Señora!

—Señorita —me dijo—. ¿Usted sabe dónde queda la estación de Fray Damián?

—Al fondo.

—...

—Donde vea unos tombos con fusil.

Caminé dos cuadras y vi los dos tombos parados en una esquina. Ambos con fusiles Ak-47.

—En qué puedo servirle —me dijo uno de ellos.

—Busco a unos niños de una fiesta.

—Ya se fueron.

—Dónde los puedo encontrar.

—Aquí a la vuelta.

 

IV

 

Un joven de apellido Figueroa estaba detenido por los policías. Su madre le entregó una cobija de lana y un fiambre blanco —que en realidad era una coca de jabón de losa—, con un pedazo de carne, arroz y tajada madura. El preso, llevaba once días encerrado, a la espera de un traslado a cárcel de Villa Hermosa.

—Joven, si usted va ir hacia allá, camine siempre por el medio de la calle, rectico. Nunca entendí qué significa caminar por el medio de la calle y a demás rectico.

—Lo atrapan y paila cucho —volvió a insistir.

Empecé a dudar de la existencia de los niños en el Calvario, ¿serán invisibles? no hace mucho Mauricio Pulido —un gran amigo, que siempre está hablando de cine—, me contó sobre una película de un director colombiano, Los Niños Invisibles, de Lisandro Duque, era algo muy loco, que me recordó cuando cazábamos lagartos para sacarles las tripas, y mirar si era verdad que las lagartijas de colores del jardín de la abuela Margarita comían grillos, y es que los tres niñitos de la película, para volverse invisibles, debían robar una gallina, sacarle la molleja y a un gato el corazón. Cosa de niños. Lo primero que me dijo Albeiro —excombatiente de la guerra—, cuando llegué a la fiesta, fue que cuando llegasen a los diez y siete no iban a servir ni siquiera para el servicio militar.

—Él es Daniel mire, vive aquí, en esa casa —donde todos entran y salen por la misma puerta—, señaló hacia el frente. Su mamá nunca está, todo el día se la pasa oliendo pegante. No tiene ni 15.

Albeiro lleva una gorra militar de las viejas con manchas negras y verdes. Es delgado y usa bluyines remangados con sandalias de plástico. De vez en cuando se sonríe y deja ver sus dientes negros como granos de maíz.

—Ella es mi hija —me dijo orgulloso—. Era una mujer grande con rasgos indígenas muy marcados, cabello azabache, largo y lacio, estaba recostada sobre la entrada de un portón amamantando un niño de meses, sus senos estaban a reventar, llenos y llenos de más leche. —Nombre de dios. El militar le dio la bendición: Dios la bendiga.

 —¡Don Albeiro! Dónde nos tomamos el cafecito hoy —le preguntó un vecino del barrio—. Anoche dizque se murió el viejito que dormía en la esquina.

—Cuál de tantos viejitos.

—El de la quince.

—Es que uno durmiendo en la calle es muy hijueputa.

—Dicen que le dio un paro.

—Al menos se murió de viejo.

—Desde que mataron a la mona no han vuelto a chuletiar a nadie por aquí.

—¿A cuál mona?

—A la que descuartizaron.

 

V

 

 En la esquina empezó a oler a maíz. Recordé el olor de los circos y de los teatros viejos como el Cid.

—¿Se acuerdan del Cid?

—¿A quién les estás preguntado? —Pues a ellos. —Esta gente no conoce sino Cine Colombia, son pocos los que recuerdan el olor quemado del maíz, del caramelo derretido, de ese olorcito en la alfombra roja del teatro, que es parecido al guardado que se siente en las casas de Manizales.

—Qué es lo que van hacer —les pregunté a los niños, así como cuando uno no sabe qué hablar, entonces le da por preguntar bobadas, ¿qué hora tiene señor? ¿Esto sigue derecho o cruza? ¡Cruza! ¿Qué calor no? ¡Sí mucho calor! ¿Qué cosas no? ¡Sí! qué cosas.

 —¡Vamos hacer crispetas!

—¡Crispetas!

 A Daniel y Oscar les cautivó el olor.

—¿Usted es fotógrafo —me preguntó Oscar—? le dije que sí...

—¡Ah! pues entonces tómeme una foto —me dijo el niño con una botellita de pegante debajo de la camisa—. Cómo le digo que no, hágase allá.

Ojo pues, que ahí va la foto.

Miró a la cámara, tenía los ojos brillantes y las pupilas como los gatos. Cruzó las manos como los adultos y sonrió con sus granos de maíz, Disparé el obturador y se quedó estatua. Me senté en el borde del andén con Oscar, Daniel y Tato, y les pregunté a cada uno, que a qué les gustaba jugar —otra pregunta boba. 

—Nosotros jugamos fútbol o a las escondidas con la prima de Tato. Otras veces nos metemos en la pila de la quince a jugar lleva, pero no hemos vuelto, desde que la secaron.

—Le voy a contar lo que todos me preguntan.

 Mi mamá es recicladora, no estudio porque no tengo registro civil, yo le ayudo a veces para pagar la pieza donde vivimos.

 —¿Y cuánto cuesta la pieza?

 —Seis lukas. Los fines de semana suben los precios porque viene mucha gente de otros lados a dormir acá.

 —Y usted qué quiere ser cuándo grande, se me ocurrió decirle.

 —Bombero. —¿Bombero —dije?

 —Sí, y ¿eso?  porque me gustaría apagar incendios.

 —Y usted Leo.

—Soldado como mi papá.

 


Comments

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  2. Muchas personas se fijan, que me voy a poner, tengo que madrugar para ir al colegio, hay necesito un celular, se me quedo el celular, necesito salir a comprar la ropa de navidad, tengo que hacer remeza, etc.

    Pero leyendo este texto, en mi caso me puse a `pensar lo malo que hemos sido y lo arrogante que somos como seres humanos, ellos no se preocupan por la ropa nueva de navidad, o los zapatos nuevos, y menos por un celular, la verdad son personas tan humildes, que piensan en necesito salir a trabajar, necesito ser alguien, necesito plata para esto y para lo otro, necesito ser feliz.

    Y es hay donde reflexionas, nos quejamos tanto a veces de la vida que tenemos, y no nos damos cuenta que esas personas se ponen feliz, al ver un plato de fréjoles en la mesa cuando nosotros o en mi caso lo rechazo por el siempre hecho de que no me gusta, dice el texto que nos falta niñez, se nos olvido ser niños, aunque mis amigos dicen que soy un poco infantil, pero ese no es el hecho disfrutar una buena película con mi familia, salir a jugar con mis amigos de infancia, salir a montar bicicleta y llegar sudados a la casa, esas personas son las que mas disfrutan, y a pesar de estar en el mundo de la droga, donde los narcos se hacen ricos, y que algunas personas no recaigan en eso, y que levantes la cabeza y que te digan ese niño era criado en el los barrios mas calientes de cali, y míralo es un gran doctor, gran empresario, etc.

    El profesor de español, nos dijo que le sorprendió ver que el niño dijera quiero ser bombero, para apagar incendios, y el profe dijo, ¿sera porque el ve mucho fuego?, pero yo no lo entendí a si, el quería ser bombero para rescatar las vidas que están dentro de las llamas, que están sufriendo grandes dolores, tal ves mi punto de vista es muy explicito o a veces muy cerrado, pero hay que reflexionar y mejorar muchos aspectos de nuestra vida.

    Cuando vas a samaritanos de la calle, tu llevas pan y café ¿cierto? pero ellos lo reciben y los que ellos te dan es una humilde y las mas sincera sonrisa y el mas humilde respeto, la sencillez y el amor nunca se ruegan y ellos son niños que saben o pueden salir adelante con un empujoncito pero se puede.

    El autor creo que mas de una historia trata de reflejar una reflexión, cada lugar que hace el recorrido del bus, no han notado que el hace una pequeña o contextualiza lo que paso en ese lugar, donde un carro bomba destruyo el palacio de justicia hace algunos años, allí te das cuenta que a el le gusta cerrar los ojos, porque le encanta recordar esos lugares donde creo yo, sabe muy bien su historia y aprendió grandes cosas que el como ya un adulto, se le olvido ser y ser recordado como aquel niño feliz.

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  3. La mayoría de los habitantes de esta ciudad solemos transportarnos de norte a sur sin ser conscientes De que al atravesar la ciudad pasamos por sectores de la ciudad menos favorecidos, con una cantidad de conflictos y problemas socioeconómicos que cómo no nos afectan directamente pasan inadvertidos para la mayoría de nosotros.

    Cuando por alguna razón estamos en contacto con esta población vulnerable nos vemos enfrentadas a una mezcla de sentimientos, nos despiertan temor, lástima, angustia, preocupación, tristeza, y deseos de compartir, auxiliar, y apoyar, más aún cuando vemos población infantil.

    Me gusta mucho este punto de vista ya que es un punto de vista diferente al de la mayoría de las personas y habla de los problemas sociales que la sociedad actual ignora y me parece muy lindo ver como no todo tiene su lado negativo Como por ejemplo los niños del texto por más hambre que estaban pasando siempre estaban mostraban su mejor sonrisa ante el mundo y la sociedad, y para nosotros es muy duro pasar por una situación así en cambio para ellos es algo habitual ya que lo viven día a día y la sociedad es muy ignorante así que no le presta mucha atención a estos problemas ya que para ellos son insignificantes y no les incomoda.

    Normalmente en la actualidad nosotros no solo nos encontramos en un enfrentamiento de sentimientos sino que también nos da un poco de temor ya que creemos que este tipo de personas solo buscan robarnos o hacernos daño, pero casi nunca prestamos atención a la razón por la cual este tipo de población busca robarnos, y nos encontramos con otro problema social el cual seria el desempleo y la drogadicción.
    Nosotros normalmente cuando pensamos en este tipo de personas lo que principalmente se nos viene a la cabeza son drogas ya que la mayoría de estos personajes están con un problema de drogadicción y esto hace que no puedan trabajar o que nos roben ya que todo el dinero que ganan o roban lo invierten en estas sustancias y no pueden progresar en la sociedad, los niños ahora también están involucrados en esta problemática ya que a ellos los usan para hacer dinero y que no puedan seguir con sus estudios.

    Este texto nos ayuda a reflexionar acerca de las comodidades con las que vivimos, tenemos familia, hogar, colegio, sitios para divertirnos, tenemos acceso a servicios de salud, tenemos ropa y calzado de buena calidad, tenemos alimentos y sin embargo nos quejamos, reprochamos por las marcas, el tamaño, o la cantidad de lo que poseemos.

    Cuando hemos tenido la oportunidad de visitar este sector con los samaritanos de la calle, podemos ver el amor de ellos hacia el sacerdote que guía el proyecto, el agradecimiento a compartir el pan y el aguapanela, nos damos cuenta que más que temor o miedo debemos de sentir deseos de ayudar y compartir con estas personas que son seres humanos como nosotros.

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  4. Pues a mi la verdad me gusto mucho este texto ya que habla sobre los barrios de mas bajos recursos y nos da a conocer que dentro de esos barrios no solo se encuentra la violencia, drogas, guerra, etc si no que también se encuentra el amor que hay entre ellos, la sencillez y el tolerar de cada persona. me gusto mucho ya que para mi parecer lo que nos quiere decir en pocas palabras es que podemos encontrar la felicidad aun así no tengamos nada, esta historia esta muy bien relatada y la verdad yo no tengo critica algúna ya que el que lo hizo dejo lo mejor que se puede apreciar de un barrio donde se le tiene otro punto de vista.

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  5. Nunca se han puesto a pensar ¿ como seria si dejáramos a un lado la vanidad y comenzáramos a preocuparnos por lo que de verdad importa ? por ejemplo la felicidad de cada persona, a veces nos preocupamos tanto por el tener y el no tener que en lo único que pensamos es estar a la ´´moda ´´ nos olvidamos quienes somos y de donde venimos. este texto me ha dejado mucho que pensar ya que como dije ellos la felicidad la encuentran sin tener nada y la felicidad de muchas personas es teniendo un celular, un carro o una casa lujosa. se dice que el dinero lo es todo pero no se han puesto pensar en donde carajos queda la felicidad ? o en donde queda el amor ? Muchos tienen mucho dinero y se pueden dar los lujos que quizás las personas de bajos recursos no puedan darse, pero lo que ellos no tiene es la libertad de sentirse amados, protegidos y unidos por un familia que en verdad lo quieren, así que los que menos tienen son los que mas pueden dar.

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  6. Me parece muy interesante este tema ya que es un tema que todos los colombianos pasamos desapercibido es un tema el cual es muy delicado el saber de que los barrio más pobre de Cali los van a derrumbar para construir un centro comercial es algo que tenemos que evitar porque básicamente les estamos quitando los hogares a miles de personas pobre y niños que no tienen familia me parece un tanto curioso que los niños tengan esos pensamientos sobre que quieren ser cuando grandes me sorprendió cuando leí que leo quería ser soldado ya que es una profesión la cual debemos exterminar porque Colombia no puede ser un país con más guerras más conflictos nosotros los colombianos jóvenes tenemos el deber de cambiar ese pensamiento en la mente de los niños porque debemos cambiar esa forma de pensar no más guerras no más corrupción tenemos que ayudar a las personas de bajos recursos me pareció muy interesante que usted como escritor se interesara en este tema ya que es un tema que a nadie le interesa que todos le da igual porque claro como no son ellos les da igual lo que le pase a esas personas lo que pueden llegar a perder sólo por construir un centro comercial

    Me parece un tanto incómodo el saber de que algunas personas no son capaces de colaborar a los barrios bajos a mejorar su forma de vivir ese tipo de personas me parecen ignorantes me parecen que no tienen sentimientos porque esas personas no tienen trabajo los niños no tienen una buena educación su forma de vida no es adecuada no es lo que merecen nosotros los que tenemos las posibilidad de colaborar debemos hacerlo porque si fuera nuestra situación sería diferente claro como nunca piensan en eso por eso les da igual tan igual ese tema no les importa nada que una persona indefensa se este muriendo de hambre no tenga dinero para comer ni para conseguir una habitación adecuada donde dormir necesitamos más caleños solidarios que ayuden a estas personas de bajos recursos darle una buena educación a los niños enseñarles como se lo merecen abrirles sus mentes darles un nuevo pensamiento sobre la vida ayudarles a que salgan adelante y que les sirva que salgan adelante y formen su vida darles viviendas trabajo estable para que la pobreza la guerra y la corrupción se acabe en nuestro país y ciudad en un pensamiento muy en grande que tal vez con sólo unas pocas personas que piensen lo mismo que yo no van a servir para cambiar estos problemas pero si todos nos podemos de acuerdo tomamos conciencia hacia este tema podemos acabar con esto y mejorar nuestro país.

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  7. Hoy todos se limitan a hacer las cosas, y todos juzgan pero nadie hace, inventa para decir cosas que no van al caso sabiendo que todo esta al frente de nosotros, nunca hemos pensado en lo malo que somo, como personas cuando le hacemos daño al otro, pero no, la vida es una capa y cada ves que haces algo o se rompe o si haces algo bueno haces otra capa, el texto nos dice miren, estamos fallando, nosotros nos quejamos por tantas cosas, que nunca pensamos que este niño si comió o no , nosotros comemos todos los dias ellos no, para esas personas es vital las drogas y el que no es adicto a eso es porque tiene una meta clara, o no le gusta, algún dia nos daremos cuenta de lo ignorantes que somos, la verdad es que Dios no da todo, pero sin dudarlo lo mandamos a la basura, ellos son felices, ellos se rien, ellos festejan, y los van excluir de su propio barrio y nosotros decimos que tenemos problemas.

    Problemas el saber donde voy a ir ahora, mi familia, sera que voy a ir a un buen lugar, sera que nos van a matar, donde voy a estar, nos echan como si fueran perros, personas sin importancia, ¿donde quedo la igualdad?, y lo importantes que son para la sociedad, pues al contrario, todo lo hacemos mal, pensamos en la plata que va a entrar, y no protestamos sabiendo que es nuestra ciudad aquella que están acabando, donde quedo aquella inocencia de niños, ¿donde?, la verdad hay es donde pienso que la corrupción es una completa verdad y nosotros también nos prestamos para eso.

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  8. "el olor del maíz" es un breve relato sobre la extensa y horrible vida que tienen los habitantes del calvario. aunque unos niños se escapan de su triste realidad por medio de su niñez cuando huelen y se acuerdan del olor al maíz.
    En mi punto de vista, este texto me toca el alma, habla sobre la triste realidad que pasan la gente de ese barrio, pero los jóvenes, los niños que tal vez hayan perdido su infancia o inocencia, pero ese peculiar y delicioso olor que siempre recordamos al ir a los cines nos cautivan y nos alegran, así como este bello y triste relato de la realidad.
    escrito por Valeria Saavedra

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  9. Este texto nos hace caer en cuenta lo duro que les toca a las personas del barrio el calvario un barrio de escasos recursos que no cuenta con la ayuda de nadie,pero lo que no saben las personas es que en ese barrio también hay personas con objetivos y metas por cumplir que quieren sacar adelante sus familias para poder sobrevivir.
    Si a las personas de ese barrio las ayudaran este barrio mejoraría mucho nosotros los caleños pensamos como es la hoya como le llaman al barrio el calvario entonces no tiene de donde salir adelante el barrio.Este texto hace que uno se sienta un poco triste y le toca el alma a las personas ya que habla sobre la triste realidad del barrio el calvario,también habla de como los niños tal vez hayan perdido su infancia,pero ese olor tan delicioso del maíz que siempre recordamos al ir al cine que nos hace cautivarnos y hacernos sentirnos bien, así como lo hace este triste relato de la realidad que viven las personas del barrio calvario.
    Escrito por: Juan Pablo Astudillo 11

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