Prólogo 1950
El título que encabeza este texto es una cifra numérica <<1950>> que bien puede convertirse en un dato
estadístico o en una fecha con fines alusivos a un contexto social y político
del País.
Roberto Bolaño y el escritor
inglés George Orwell ambos novelistas
importantes en sus tiempos decidieron titular sus obras de forma parecidas:
<<2666>> y
<<1984>>.
<<1950>> es un relato que intenta cautivar por medio de atmósferas
creativas que surgen en diversos momentos espontáneos del relato. El texto no
sigue a cabalidad una linealidad, se
construye a partir de escenas y diálogos interconectados con párrafos anteriores.
Esto permite que el lector encuentre una relación de temas alusivos a la
violencia, una violencia histórica que desencadena generacionalmente unas
particularidades ideológicas y comportamentales entre un grupo de jóvenes
estudiantes que renacen la guerra que vivieron sus padres y ancestros; liberales
y conservadores.
<<1950>> bien podríamos decir es el ocaso de una vida que
se desintegra en una agónica penumbra del pasado, donde el recuerdo encalla en
la soledad de una casa con forma de catedral, ahí el tiempo parece haberse
detenido y Luís un tipo cansado de la vida decide suicidarse, lo intenta de
varias maneras y tan solo lo logra en la tercera oportunidad; No sabemos si
lanzándose del décimo piso de un hospital, o con un veneno que decide ingerir para
una noche de navidad o con una fórmula rápida recientemente legalizada en el país;
la eutanasia.
Esa muerte es el desenlace del
relato que bien podría ser una muerte simbólica porque el autor no esclarece
bien como fue la muerte de Luís, la deja inconclusa e indefinida; lanzarse del
décimo piso de un hospital no es más que el vacío de una vida sin sentido, el
veneno que ingiere bien podría ser el sabor amargo de una enfermedad incurable
y por último la eutanasia un tema que ha generado ciertos conflictos
ideológicos y religiosos después de que la aceptaran como ley, <<la ley
de morir dignamente>>. Esta situación refleja la insensatez de una
sociedad que no entiende ni asimila la muerte como parte irrevocable de la
vida.
La historia desencadena un lánguido paralelo de dos épocas con finales e
inicios de siglo (XX y XXI) y con una estrecha afinidad entre los
dos personajes de la historia; Javier y Luís unidos por una vieja profesión; el
arte y la escritura.
La ambivalencia siempre está
presente, tal vez como el Dr.
Jekyll y Mr. Hyde o como el ocaso y el alba, la vida y la muerte. Esta metáfora
que bien puede ser una parábola de la existencia codeada por antagonismos de
principios y finales tal como lo vemos en la historia, pues es evidente que Luís
ha empezado a morir o más bien es un muerto que habita entre los vivos y es que
no hay nada que lo ate a la vida; Su esposa tiene un diagnostico psiquiátrico;
denominado locura, diagnostico que Luís vino a padecer por unos médicos que lo
enloquecieron –a pesar de que esta escena no aparece en el texto es claro que
el escritor plasma la enfermedad mental no como un diagnóstico si no como la
invención de un impedimento para regular el comportamiento del otro y de los
otros, en este caso el de Luís-. Un tipo como bien lo hemos estado diciendo lo
único que desea es la muerte, no sabe cómo morir y esa es su impotencia y su
desesperación.
Todo lo que hace Luís es en relación con la muerte, y ya vamos a volver
a mencionar esa relación bipartita y antagónica que les hablamos ahora.
“Cubrió la máquina con una sábana de lienzos trasparentes como se
cubren a los muertos en el fango y se sentó a esperar la muerte”. La
máquina que cubre Luís es una vieja Chandler de tipografía y una Remington
donada por un sindicato de tipógrafos cincuenta años atrás.
Estas máquinas simbolizan el soporte de su identidad o le que aún queda
de su identidad que se empieza a deteriorar con el olvido y la lejanía, pues es
por medio de la imprenta que logra tejer lazos de comunicación con los poetas y
amigos de aquel pueblo lejano llamado Chipre.
El olvido tal vez sea lo más letal que tiene la vida, el olvido es el
principio y final de la muerte, por esa razón Luís desaforadamente busca en sus
recovecos una puntilla para clavar un cuadro, ese cuadro no es más que la
representación del inicio de una historia al borde de una montaña donde se
visualiza en la distancia un camino.
La pintura de Francisco Antonio Cano “Horizontes” que Luís intenta
colgar, es tal vez su último deseo en la vida, ya ha agotado todas sus fuerzas
físicas por eso es incapaz de poner el cuadro, la poca fuerza que le queda en
su interior es una fuerza estética y evolutiva que le permitirá una
trascendencia generacional en el tiempo. El cuadro al final lo cuelga Javier.
“Vi la
mancha blanca en la pared y el clavo encorvado…… Colgué el cuadro. Pensé que moriría una tarde
cualquiera sentado en el balcón viendo cantar a los canarios”.
Aquí la historia llega a su fin. Un final abierto que nos muestra el
comienzo de una nueva historia, la de Javier.

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