Una mirada crítica a la estetización del progreso y la cultura

 

Entre el mito racional de la historia y la dialéctica de la Ilustración

Una mirada crítica a la estetización del progreso y la cultura

 

Ensayo

José Alejandro Vargas Torres

 


 

Introducción

 

Comprender el Mito como una paradoja propuesta en la Dialéctica de la Ilustración de Marx Horkheimer y Theodor W. Adorno es una gran hazaña interpretativa que abarca el poder de la ilustración y su extenso despliegue a partir de la historia, no obstante, aquí intento recoger algunas categorías de pensamiento con el fin de dialogar las diferentes tensiones de la primera y segunda mitad del siglo XX bajo dos vertientes psicosociales, el psicoanálisis y el marxismo, aunque bien mi ejercicio no pretende hacer un desglose metodológico y conceptual de las corrientes más influyentes del último siglo, si pretendo acuñar algunos pensadores de la primera generación de la escuela de Frankfurt y sus sucintas influencias análogas como en el caso de Nietzsche, y su concordancia con la plasticidad[1] para transformar el pasado y hacer una nueva historia, en esa transición epistémica el pensador alemán edifica la historia a partir de tres momentos; lo ahistórico, lo monumental y lo anticuario, en este sentido me interesa proponer la tesis que tanto lo ahistórico como la desmitologización apuntan a la vaga ilusión de recuperar la vida, el pensamiento como una razón “normativa” y moral que irrumpe con las atrocidades del progreso y el apocalíptico sistema capitalista que muy bien atesora el lógos de la ilustración que reconoce en el mito las virtudes morales, estéticas y políticas, y procede a destruirlo convirtiéndose a la vez en el mito más grande y universal de la historia, apoderándose de la naturaleza para someterla a sus políticas de intervención, a sus métodos y regímenes. Los mitos pronto se convirtieron de narración en doctrina. (p.63) Lo humano se deshumaniza por medio de la cosificación que objetiva su naturaleza convirtiéndolo en objeto que se reproduce y mercantiliza como fetiche.

 Hay una parte del texto donde recurro a la poética de Aristóteles[2] —una obra más bien olvidada en los consorcios intelectuales—, para abarcar la objetivación del lenguaje, la cosificación del pensamiento a partir del acto poético, principalmente en uno de los géneros, la tragedia y la comedia griega en dos posibilidades de análisis: unidad y extensión, parámetros métricos con los que son medidos, “cuantificados” los actos argumentativos y estéticos del género, y en un segundo punto la significación de la máscara, donde intento contrastar dos momentos antagónicos de un fenómeno particular en la historia. La utilización de la máscara, tanto en el carnaval griego como en el medioevo, la fealdad asumía una función política de desarticulación, Aristóteles defendía la idea de que lo cómico era una parte de lo feo (Poética V 45 1449b) mientras la máscara del siglo XX, en adelante conserva las intenciones políticas del capitalismo e intenta invertir ya no la fealdad como representación y sentido, sino la máscara de la eudaimonia, de la perfección simétrica donde la felicidad como objeto fetichizado, se reproduce y se asocia con la idea de triunfo y de éxito. Mi tesis defiende la apreciación del trance de la fealdad a la eudaimonía como el rasgo que enmarca la desnaturalización, el rostro de la humanidad se ha convertido en una mercancía para ser objeto de reproducción.

[…] la ciencia redujo los mitos a creaciones de la fantasía. Con la precisa separación entre ciencia y poesía, la división del trabajo, efectuada ya con su ayuda, se extiende al lenguaje. […] En cuanto a signo, el lenguaje debe resignarse a ser cálculo; para conocer la naturaleza ha de renunciar a la pretensión de asemejársele. En cuanto imagen debe resignarse a ser copia (p.71) 

A partir de la interpretación de su tesis central sobre el concepto de ilustración; el mito es ya ilustración y la ilustración recae en mito. Esta paradoja ambigua permite ejercer una relación dialógica entre las secuelas del pensamiento ilustrado, circunscritas en el fantasma del progreso y la naturaleza olvidada, pensar el ´mundo desencantado´ a causa de la racionalidad y su exceso, equivale a repensar una filosofía que conflictúe la objetividad y el dominio absolutista de la ilustración y ante todo la decadencia del espíritu, la crisis de la humanidad y su incapacidad de reacción dentro de los esquemas  apabullantes de la ilustración.

La ilustración ya convertida en mito persigue lo diferente y vigila la desmitologización. La cosificación como cualquier hegemonía predominante de la burguesía capitalista parte de un principio de identidad, fijo y estático que no soporta, o valida lo diferente y lo desconocido. Pero es ahí, en lo distante de la universalidad, de lo inmanente, donde se halla el sujeto alienado, (desconocido y diferente ante la jerarquía) donde emerge la representación (necesaria) de la desmitificación, en la oposición al mito de la modernidad, donde se genera la capacidad emancipadora de la razón, con el fin de recuperar la naturaleza olvidada, el espíritu de lo humano.

La pretensión del conocimiento ilustrado, como sinónimo de poder, me permitirá considerar el modelo estable que reduce la naturaleza a pura materia y a sustrato de dominio (Horkheimer & Adorno, 2018) con el fin de preguntarse por el olvido de la naturaleza, por el ser, y el espíritu.

 ¿Qué representa la puesta hacia una desmitificación en una sociedad funcionalista y como las sociedades occidentalizadas? ¿Qué consecuencias trae escapar del mito ilustrado? ¿Acaso es imposible? Teniendo en cuenta que entre más permanezca en nosotros la idea de progreso, de modernidad, de objetividad, más grande y representativo será ese olvido. Las consecuencias implícitas del desencantamiento del mundo de la desnaturalización de la vida y del pensamiento como substancias inmanentes, del mito racional de occidente, parte en gran medida de mi interés por el olvido de la naturaleza, y la reducción del hombre.

 Una acción que permita desenfocar esa mirada hacía el progreso, es decir, emprender una mirada en sentido opuesto, hacia atrás, hacia lo oscuro y no hacia donde ha sido condenado por la luz de la razón, de la ilustración blanca para lograr la capacidad emancipadora de la razón, como un instrumento de reconciliación con la naturaleza que se ha vengado en cierto modo de nosotros por haberla olvidado.          

¿Qué esconde la oscuridad? ¿Por qué se nos educa desde y para la luz y no para la oscuridad?  ¿Por qué tenemos miedo a la ausencia de luz? Y ¿por qué el miedo se afianza en nosotros como una necesidad de clarividencia?

 Si asimilamos el mito de la ilustración y si partimos de la tesis central que subrayaba en líneas anteriores, donde el saber de la ciencia no aspira a la felicidad del conocimiento, a la verdad, sino a la explotación y el dominio sobre la naturaleza desencantada, ( Horkheimer & Adorno, 2018, p.64) pondría de manifiesto una gran crisis de lo humano frente al mundo, ausencia de libertad, e incapacidad de reacción frente al mito apabullante de la ilustración, que se podría redondear de la siguiente manera, dimensionar el progreso social, con el aumento de la productividad económica sobre el dominio de la naturaleza, sobre el desencantamiento del mundo, en eso radica el juego ilustrativo, en la construcción de paralelismos trazados sobre la geografía continental con el fin de delimitar fronteras de poder, es el dualismo cartesiano que enmarca el norte hacía arriba y el sur hacia abajo, las divinidades en el cielo, los humanos en la tierra, el alma arriba el cuerpo abajo, luz y tiniebla, si seguimos la lógica operativa, encontramos la misma necesidad de circuncisión, de separar lo uno de lo otro, para luego convertirlo en Uno, en unidad predominante y en esto consiste el mito ilustrativo, en destruir su opuesto, lo diferente y desconocido, causantes de la desmitificación, de lo inmanente ¿cómo desmitificar el mito de la ilustración? es nuestra gran apuesta como humanidad. 




Unicidad, lenguaje y estructura

 

 

 

Detrás de la armadura hay un hombre

David Grossman

 

 

Por argumento Aristóteles va a entender imitación de una acción que va acompañada de dos causas; pensamiento y carácter. (poética VI, 48 1450a -1450 b) Las acciones representan el paso de la felicidad a la infelicidad, de ahí que se entienda el argumento como el alma de la tragedia. No obstante, hay dos categorías que quisiera señalar que componen la acción: la peripecia y el reconocimiento y podría mencionar un tercero; el padecimiento que se define como una acción destructora, de dolor y de muerte. Estas dos categorías (peripecia y reconocimiento) representan un cambio significativo de fortuna, de la felicidad a la infelicidad, del amor al odio, de la belleza a la fealdad. De ahí que Aristóteles denomine acciones o argumentos como simples y complejos. Los simples producen el cambio de fortuna sin peripecia, ni reconocimiento, mientras que, Los complejos al contrario de los simples van acompañado de reconocimiento y peripecia. (poética X, 58 1452a) La definición de peripecia es una; señala o marca el cambio de la acción, y el reconocimiento, o “anagnórisis”, como su nombre lo indica, es el reconocimiento por parte de un integrante de la obra que conduce al desenlace. Aristóteles lo define como el cambio de la ignorancia al conocimiento.

La Poética es una obra que consta de tres temas, así lo define Alicia Villar. El primero es el de la poesía, el segundo la tragedia y tercero, la relación entre tragedia y epopeya. Es una pena que el libro II de la Poética, dedicado a la Comedia, haya desaparecido[3], según entiendo, la desaparición corrobora con la política de la ilustración frente a la censura y la violencia que luego intentaré mostrar por medio de un diálogo entre Sócrates y Glaucón sobre el ideal de la polís griega, por ahora haré hincapié sobre el porqué la comedia como género representa en un punto de análisis, mientras los poetas trágicos bregan por el derrocamiento y la caída del del héroe, los poetas cómicos, siguiendo el argumento de Aristóteles, realzan la voz de los personajes de “baja estofa” para imitar las acciones de los hombres, el punto central aquí es que la fealdad y la máscara emergen como un acto de deformación, de defecto y desproporción, lo cómico es una parte de lo feo (Poética V 45 1449b)  y en ese sentido la fealdad de la comicidad irrumpe la concepción de lo bello y lo normal, cuestionando el modelo estándar de la unicidad estética y sistemática del poder. Recordemos que en la dialéctica de la ilustración de Horkheimer & Adorno, una de sus consignas frente al desencantamiento del mundo, tiene que ver con la negación de la singularidad, “en la base del mito la ilustración ha visto siempre antropomorfismo, […] es una proyección de lo subjetivo en la naturaleza” (p.62) “lo que podría ser distinto es igualado” (p.67) “La multiplicidad de las figuras queda reducida a posición y estructura” (p.62) La comedia es un agente que desestabiliza el edificio de la razón ilustrada.

 El profesor Soto Posada, anotaba en su libro Filosofía medieval un fenómeno transitorio sobre las diferencias entre la comedia del medio-evo donde la risa cumplía la labor de ridiculizar a través de las figuras zoomorfas la cultura oficial de la seriedad y el “espectáculo”, interferidas por el sistema capitalista. (p.63) Ahí la figura de la máscara adquiere una funcionalidad interpretativa distinta, se invierte, ya no con la intención de controvertir la hegemonía instituida de la sociedad normalizada, donde el pobre y el débil fantaseaba con la figura de poder, el rey, el sacerdote o el maestro, (figuras ilustradas) usaban la máscara (bien sea desde la tragedia o la comedia) como estrategia de confrontación de los valores morales y políticos, ahora la máscara del dictador se invierte para ocultar la frustración y la desgracia, la máscara cómica ya no es fea, ni deforme, ahora la máscara de la civilización occidental busca la estetización armónica de la perfección, de la simetría europea y anglosajona, lo no occidental se encubre con el velo sonriente de la felicidad, es la máscara del triunfo, que utiliza el poder de la ilustración para homogenizar el mito del progreso, del avance de la tecnificación, y en esta misma dirección se da el trance que habla Horkheimer & Adorno entre lo “animado” y lo “inanimado”, el programa de la Ilustración era el desencantamiento del mundo. Pretendía disolver los mitos y derrocar la imaginación mediante la ciencia (p.59) En él está ya dada la separación entre sujeto y objeto (p.69) La máscara de la eudaimonía es el primer acto de la desnaturalización, y como tal, la máscara del carnaval del mundo moderno se alinea a las políticas del poder para uniformar la verdad.

Para nadie es un secreto que la risa es peligrosa, la máscara cómica perturba y desequilibra lo estable y lo seguro condenando todo acto distante y diferencial al antropomorfismo donde radica su principal miedo, temor a lo desconocido. La apuesta que intento defender parte de la instrumentalización del lenguaje en relación con la estetización del discurso por medio de una acción moral propuesta a partir de la estructura del acto poético, del mythos, como artificio de la ilustración para objetivar la realidad por medio del argumento, y la tecnificación del lenguaje, como forma inmanente del pensamiento[4] a partir de la unidad y la extensión en cuanto a proporción, medida y afinidad. El esquema métrico, de la conocida triada inicio, medio y fin—, (que el mismo Hegel abordaría como Tesis, Síntesis y antítesis) arbitrio que define en últimas lo bueno y lo malo de la materia, del lenguaje estetizado y en el peor de los casos, utilitarista porque define la adaptabilidad con el que el sistema interpreta la realidad.

 Benjamin (2018) Cuestionó la relación entre lo político y lo literario, en cuanto a la alteración de su contenido. La literacidad gana en espacio y distribución, pero pierde en libertad y autonomía. La mediación afectada por la ideología prevaleciente del poder político impone los condicionamientos sociales de producción y las tendencias correctas que alteran la composición y el pensamiento de la obra y de los receptores (masa) que consumen tendencias en cantidad más que en contenido. La tendencia política correcta de una obra incluye su calidad literaria. (p.102) “El periódico es el escenario de esos embrollos literarios. Su contenido es un “material”. La decadencia de lo literario en la prensa burguesa se acredita como fórmula de su restablecimiento (…) En tanto que lo literario gana en alcance lo que pierde en profundidad, empieza a distinguirse entre autor y público. (p110).  

La proporción en relación con lo bello y lo bueno y la desproporción a lo feo y a lo malo, me hace pensar en la belleza y la fealdad como propiedades medibles. La belleza conlleva una extensión y un orden, que no debe ser fruto de la casualidad.  Dice Aristóteles (Poética VII 1451a) En esa misma lógica, tanto la belleza como lo bueno responden a una soberanía, a una manipulación de fuerza exterior, a un “orden”, y en este mismo sentido también encontramos la maleabilidad de la materia[5], de la naturaleza que se adapta a la rigurosidad universal.

El mito se disuelve en ilustración y la naturaleza en mera objetividad. Los hombres pagan el acrecentamiento de su poder con la alienación de aquello sobre lo cual ejercen. La ilustración se relaciona con las cosas como el dictador con los hombres. Éste los conoce en la medida en que puede manipularlos. El hombre de la ciencia conoce las cosas en la medida en que puede hacerlas. De tal modo el en sí de las mismas se convierte en para él. En la transformación se revela la esencia de las cosas siempre como lo mismo: como materia o substrato de dominio. Esta identidad constituye la unidad de la naturaleza. (Horkheimer & Adorno 2018 p.64)

 

Lo opuesto al lenguaje armónico, representa la fealdad, por eso la cacofonía aturde y tanto los extranjerismos como los neologismos se hacen compatibles o repelan de acuerdo con el poder geopolítico de la nación y el territorio… 

No hay que olvidar la tiranía de Platón en el libro III de la República al arremeter en contra de los poetas por fomentar el sentimiento exacerbado, sin control en los nuevos individuos de la polís griega. (Rep. III 194. 387d) Templanza y creación no representa otra cosa distinta que el pensamiento adoctrinado y moralmente correcto. La composición del acto poética (mythos) es una confrontación ante la templanza y la austeridad, por no dejarse destruir, no una alianza que vendría a representar todo lo contrario del acto de creación, cuyo nacimiento y gestación se debe a la disparidad y el conflicto contra la templanza y la mediación. La creación poética es un acto de tensión que requiere de un oponente; el Estado y la supremacía.

 La austeridad es el concepto que mejor representa la templanza a la que también se refiere Platón (Rep. III 217 398b) reconocer el inmenso poder y valor de la poesía, semejanza que le atribuye a la divinidad, por la capacidad persuasiva de hacer arrodillar a sus pies (Rep. 398b) a la multitud. Aquí vuelve y se repliega el acto moral, la verticalidad del poder —altos y bajos—, nadie puede y debe estar por encima de la razón, de la austeridad, que es rigor y dureza, de la gobernabilidad y sus leyes. Sócrates evidencia el poder retórico del poeta en el diálogo que mantiene con Glaucón, reconociendo su alta influencia y mordaz amenaza por desestabilizar el orden racionalizado de la sociedad y más bien, como un buen ejecutor político, lo envía lejos a otra ciudad.

La acción moral del acto consiste, en una estrategia de adecuación y bienestar, no desaparece del todo al poeta, mantiene la forma —que satisface la estructura—, pero altera el contenido, al cambiarlo por otro de características distintas. Dice Sócrates;

Parece pues que si un hombre capacitado por su inteligencia para adoptar cualquier forma e imitar todas las cosas, llegara a nuestra ciudad con intención de exhibirse con sus poemas, caeríamos de rodillas ante él como ante un ser divino, admirable y seductor, pero, indicándole que ni existen entre nosotros hombres como él ni está permitido que existan, lo reexpediríamos con destino a otra ciudad, no sin haber vertido mirra sobre su cabeza y coronado ésta de lana; y por lo que a nosotros toca nos contentaríamos, por nuestro bien con escuchar a otro poeta o fabulista más austero, aunque menos agradable, que nos imitara más que lo que dicen los hombres de bien ni se saliera en su lenguaje de aquellas normas que establecimos al principio, cuando comenzamos a educar a nuestros soldados. (Rep III 217 398a)


 

 


            Pensamiento y Vida

                                                                                    

                                                                                         Dejad que los muertos entierren a los vivos.

 Nietzsche

 

            Fiat veritas pereat vita[6]

 

Decir que Nietzsche[7] era un nihilista, sería limitar su pensamiento, condenarlo al sin sentido de la existencia. Sería algo así como contrariar su manera y forma de entender la realidad, y su elocución disonante en defensa de la vida y del ser. Si hubiese que pensar en un segundo rótulo, que encabece su nombre, no solo como el filósofo de la sospecha, al que tanto le apuntan, y no digo que esté mal o bien el epíteto, con el que le conocemos, todo lo contrario, mencionar la sospecha como calificativo de su quehacer filosófico, es el resultado de una labor inquieta, intranquila, eficiente ante el compromiso del pensar y de ser en cuanto se existe, pues no hay nada más vivo y activo en el pensamiento que la propia incertidumbre y la duda, contrario a la certeza, dado que bajo toda certeza hay un grado de imposición, Horkheimer & Adorno le llaman triunfo de la racionalidad objetiva, la sumisión de todo lo que existe al formalismo lógico, es pagado mediante la dócil sumisión de la razón a los datos inmediatos […]  el formalismo matemático, cuyo instrumento es el número, la figura más abstracta de lo inmediato mantiene al pensamiento en la pura inmediatez (p.79) La imposición de la verdad en cuanto realidad unificada. La certeza, conduce al movimiento, a la rapidez y al aniquilamiento del pensamiento, Descartes (2015) en su meditación segunda[8]  dice que El pensamiento es lo único que no puede separarse de mí. Yo soy, existo. (p.157) Si no hay pensamiento no hay existencia y en esto concuerda tanto Nietzsche como Horkheimer & Adorno en dos categorías: lo ahistórico o lo intempestivo (fuera del tiempo) frente a la desmitologización, ambas apuntan a la disrupción de la unidad y la cosificación, en cuanto posibilidad de vida y liberación, conflictúan con la idea masiva del progreso, de la ilustración como mito y abogan por la recuperación de lo humano, de la naturaleza olvidada.

El hombre cree estar libre del terror cuando ya no existe nada desconocido. Lo cual determina el curso de la desmitologización, de la ilustración que identifica lo viviente con lo no viviente. Del mismo modo que el mito identifica lo no viviente […] Nada absolutamente debe existir fuera, pues la sola idea del exterior es la genuina fuente del miedo. (p.70)

Nietzsche va a defender esta tesis, en la segunda consideración intempestiva:

 Lo ahistórico se parece a una atmósfera envolvente, solamente en ella se genera la vida […] El ser humano solo llega a ser humano en la medida en que, pensando, meditando, comparando, separando y uniendo restringe el elemento ahistórico llega a ser humano, solo como consecuencia de producirse dentro de aquel vaho envolvente un claro y radiante destello, es decir, solo en virtud de la fuerza de usar lo pasado para la vida y hacer nueva historia sobre la base de lo acontecido. (p.40)

 

Habría que considerar la posibilidad y el problema de la historia para la vida y el pensamiento, y en ese sentido asumir lo ahistórico como una necesidad humana. Nietzsche propone evaluar la categoría historia bajo tres epígrafes: historia monumental, historia anticuaria e historia crítica. El primero es un atributo al valor de lo eterno, y sobre el phatos de la verdad. Lo monumental también hace alusión a la representación de lo grande en cuanto a forma y estructura, que se impone ante sus opuestos diminutos e insignificantes. Tarde que temprano lo grande (monumental) terminará imponiéndose sobre lo que es pequeño y diminuto.

 Lo anticuario, como segunda categoría de lo histórico, no es más que la representación obsesiva por el pasado, el pasado como condena y límite que impide el transitar emancipado del pensamiento, creo que es clara la imagen, fuera del cerco de las tradiciones y costumbres, por las que tanto nos afanamos persiguiendo la figura del héroe. El significado del historiador anticuario, representa la angustia de la existencia en Nietzsche, en ella recae el problema y la tesis central de su Segunda consideración intempestiva. Por tal razón sería un buen motivo saltar[9] la barrera ilustrativa del tiempo, de la historia y de los historiadores del mito, encandilados por la divinidad de la luz suprema,[10] nada distinto, al problema general de la historia, y a su exceso, que el mismo Nietzsche condena como la degeneración de la vida. Superar la frontera inquisitiva del saber, del conocimiento ilustrado, desarticular —por medio de la acción del pensamiento—, a la verdad engalanada, y optar por la desnudez de la materia es quizá la más ambiciosa e insaciable apuesta nietzscheana, cuyo detonante no es otra cosa distinta que la aclamación por la existencia, la vida y el pensamiento, que persuade para ser y para vivir.

[…] Por eso no hay que dejarse engañar más, por eso se les debe gritar: ¡Quitaos vuestra chaqueta o sed lo que aparentáis! Debe terminar eso de que todo individuo serio se convierta en un Don Quijote, pues tiene algo mejor que hacer que pelear con tales presuntas realidades. (Nietzsche p 73)

 

Nietzsche desarrolla todo un manifiesto sobre el ser y la vida a partir de la confrontación, como un primer acto vivaz ante la hegemonía de la historia. Su inmersión en la aparente inevitabilidad del tiempo representa para el ser una parodia tortuosa y sin sentido. Estamos indigestos con el saber —dice Nietzsche—, nos atragantamos de conocimiento y verdades impartidas. Aquí valdría la pena cuestionar la idealización del otro, y rastrear los lazos que nos une como parte irremediable a la colectividad.

Pensar dentro de la unidad es reducir el lenguaje, lo que Wittgenstein llama limitaciones de mundo, la vida y el pensamiento, lo intempestivo es la representación de lo que no está enfermo y dañado, es la cura, tanto del pasado y de la historia, en términos coloquiales sería algo así como burlar el tiempo, apartarse de, desviar su orientación, evitando el peso de la sabiduría, el cumulo de las verdades y los dogmas que tanto peso acarrean por los siglos de los siglos, amen. ¿Cómo hacerlo? O ¿qué hacer? Lo intempestivo y su llamado, es la necesidad de olvido, el olvido no es más que una forma intempestiva de “saltar” fuera del tiempo de la historia, huir de la condicionalidad y la precisión, de lo que es idéntico y por supuesto de la historia. Es lo que Nietzsche irá a llamar luego como la capacidad de sentir de forma ahistórica —muy necesaria para quienes quieran leer la realidad y el mundo, sin fronteras, sin límites—, esa desviación, que aquí he llamado “salto” es el primer acto que irrumpe con lo estático, la linealidad del tiempo y de la historia, donde se concibe el pensamiento como acción, la acción de pensar y de existir en un solo verbo y representación.

Este primer acto engendra la postura del historiador crítico, del sujeto ahistórico, distante de las tradiciones y costumbres, de lo anticuario que es la forma y réplica de la condena y de lo estático, es la celda y la frontera del pensamiento, del lenguaje y de sus múltiples posibilidades, tanto el pasado como el presente, son la prisión del alma, del espíritu y del ser.

Esa transitoriedad del pensar y de la vida, Nietzsche la denomina como fuerza plástica, o fuerza que sirve para desarrollarse así mismo, a partir de la trasformación. Transformar el pasado, (creación) moldearlo para vivir y ser. Es nacimiento y muerte, nacimiento como lo nuevo que surge y muerte como olvido del pasado.     

Termino con esto, si el pasado y el presente son representaciones de un mismo tiempo, nos enfrentamos con un problema que no había mencionado de manera directa, explícita, y que me gustaría volver sobre ella en próximas apariciones el problema de la repetición, perteneciente a la naturaleza de lo estático, porque nunca genera un movimiento diferente es molde, forma y estructura, donde el acto de pensar se alinea como entidad sujeta y cautiva del poder político, institucional y religioso condenando cuanta interpretación artística y creativa nueva.

Preguntarse ahora por el pensamiento, y la forma en cómo procesamos el acto del pensar, en nuestros días, ha sido una constante en todas las épocas convulsas de la existencia, quizás con mayor resonancia en la modernidad con Descartes, cuando cuestionamos la intempestivita y necesaria irracionalidad y le condenamos a la necesidad cuasi imperiosa de poner la razón como límite y frontera, por encima de todas las cosas, la res cogitans, sobre la res extensa, pues bien, valdría la pena rastrear la pregunta de Nietzsche en relación al ser ¿somos todavía humanos? O ¿máquinas de pensar, escribir y hablar? Si el pensamiento se mantiene circunscrito a la historia, la autonomía del pensar desaparece y en su remplazo organismos autómatas que repliegan la anáfora del tiempo como enfermedad del lenguaje y del pensamiento anclado. Al no haber pensamiento, existirán solo cuerpos al vaivén del tiempo, de la historia.

 Nietzsche es consciente de este fenómeno, muy actual, contemporáneo, que atañe tanto a los hombres de la modernidad, quizás ahora con mayor ímpetu, cuando el discurso de las luchas por el reconocimiento y la redistribución se tornan cada vez más en pos de consolidar viejas estructuras de poder, como discursos colonialistas junto con sus ídolos monumentales y anticoloniales que bregan por lo mismo, consolidar y replicar los valores antiguos y costumbre.

 


Materia capitalismo y progreso

  

 

 

Al multiplicar las reproducciones, pone su presencia masiva en lugar de una presencia irrepetible[11].

Benjamin W.

 

Partiré de la definición del profesor Enrique Dussel del primer apartado de la tesis [13.1][12] de su libro 16 Tesis de la economía política, para definir el concepto de materia en clave marxista, pues nos dice Dussel que materia para Marx es el contenido inmediato o último del acto humano, del acto del trabajo. Diríamos que materia es en este caso contenido, (p.215). Permítaseme señalar la importancia de este primer apartado, como complemento de un proceso teleológico que no podría dejar escapar y es que, como bien señala Dussel; el contenido del acto (es decir la materia) es productivo y práctico. Productivo porque transforma la naturaleza y práctico, porque se pone en relación con otros. ya había señalado que el contenido (la materia) es un acto del trabajo humano y de su esfuerzo, es decir, de su energía depositada Marx llamaría la vida, de la cual emerge un producto y a su vez en la relación con el otro se convierte en mercancía. Una última aclaración prudente para defender mi tesis del porqué la economía política responde a un acto estético. En este sentido, transformar la naturaleza, (de la que hablo en líneas anteriores) y aquí no me refiero a la extracción del recurso natural como podría entenderse, a su explotación del medio, aquí, el acto de transformar hace alusión a la forma en que se es intervenida la materia, en cuanto maleabilidad del objeto, de la textura que adquiere forma estética a partir de su intervención. 

Ahora bien, entrando en materia partamos de la pregunta ¿Cómo pensar la libertad en el capitalismo? O ¿cómo el capitalismo nos hace menos libres? Consigna del filósofo inglés Gerald Cohen, marxista analítico quien titula una conferencia en memoria de Isaac Deutscher a inicios de los años ochenta Libertad, justicia y capitalismo de la cual me he permitido entablar una relación utópica de reflexionar sobre la libertad en la marco del capitalismo apocalíptico y para ello habría que Empezar por trazar esa brecha de la desigualdad social con el fin de examinar las imposturas ideológicas de fragmentación y división que ha propuesto el clasicismo, las jerarquías de poder y sus ficciones antimorales que consolidan estereotipos idóneos para la adaptabilidad del sistema económico, que bien o para mal contradice la autonomía y la libertad de los sujetos.

En el capitalismo encontramos grandes beneficios para quienes son acreedores de la propiedad privada, de las grandes superficies de la tierra y del capital, quienes a su vez gozan del usufructo del trabajador, quién se ve en la obligación laboral de ofrendar su vida y su dignidad, a cambio de una irrisoria fantasmagoría; la adquisición de la propiedad, cuya representación simbólica hace parte del imaginario social de la clase trabajadora, con la que es seducido y a su vez condenado a un estado inamovible, estático de supervivencia. Esa propiedad material, se convierte en su propia tumba[13], que paga con su energía vital, es decir con su vida, la transformación de la materia, por medio del acto reproductivo pasa de un estado de muerte física, ausencia de energía, a la continuidad del acto como principio teleológico, representado en el surgimiento de la vida, de la energía vital, por medio del regreso. Muerte y vida son en este sentido un fenómeno repetitivo, donde el clan de la clase trabajadora se multiplica y se singulariza en una gran masa uniformada de proletarios, al deshumanizar lo humano, la vida pasa a ser objeto de reproducción.

[…] Cada día cobra una vigencia más irrecusable la necesidad de adueñarse de los objetos en la más próxima de las cercanías en la imagen, o más bien, en la copia, en la reproducción. […] En esta la singularidad y la perduración están imbricadas la una en la otra de manera tan estrecha como lo están en aquella la fugacidad y la repetición. Quitarle su envoltura a cada objeto, triturar su aura, esa es la signatura de una percepción cuyo sentido para lo igual y lo coetáneo en el mundo ha crecido tanto que incluso por medio de la reproducción le gana terreno a lo único e irrepetible (Benjamin W. 2019 p.201)

 

El capitalismo dentro del discurso ilustrado predomina el anhelo de pensar dentro de su esquema político, una familia con hijos varones de orientación heterosexual, la figura masculina predilecta, en este caso, carente de razón y de inteligencia, bien sea porque ha sido concebido por la estructura funcionalista del sistema económico como un jornalero, ya que predomina la fuerza física del cuerpo (energía vital) y en ese sentido, estético e irracional de la vida[14] la propagación masiva de la especie humana, siguiendo las políticas cientificistas del darwinismo social, y su teoría sobre la evolución adaptativa. Recordemos en su libro 1 de la Política (1254a) Aristóteles nos decía; […] Ya desde el nacimiento algunos están destinados a obedecer y otros a mandar. Las jerarquías del poder patriarcal están establecidas y la historia ha sido fiel y cómplice de la verdad embustera y desleal con la realidad y en esto Benjamin coincidía:

El cronista que narra los acontecimientos sin distinguir entre los grandes y los pequeños da cuenta de una verdad: que nada de lo que una vez haya acontecido ha de darse por perdido para la historia. […]Solo a la sociedad libre[15] les es dado por completo su pasado. (p.308)

 

Y en este sentido concuerdo con Butler en uno de los debates contemporáneos sobre feminismo y marxismo en que la reproducción y el género dentro del marco de la economía política, está circunscrito por la regulación sexual.

La economía está ligada a lo reproductivo, y su vinculación con la reproducción heterosexual condenando como aberrantes los “otros” modelos de sexualidad y género no concebidos por el régimen capitalista, económico y moral de la sociedad. (Fraser, N. Butler, J. 2000 p.82) 

 

Pensar la materia como el modelo que determina el valor de la existencia, no sólo de quienes carecen de ella, sino de quienes la poseen en exceso (tenencia y no tenencia) se erige la idealización del modelo social prevaleciente, sustentada en el consumo material, bajo la sombra de la semejanza.  La no tenencia del capital (mercancía) equivale a la perturbación y al desprecio, a la negación del sujeto, que forzadamente se ve en la obligación estética de hacer parte de la unidad de consumo, uniforme, amparada por la esfera del capital, aboliendo cualquier forma de libertad ética y diferencial.

Solo en cuanto tal imagen y semejanza alcanza el hombre la identidad del sí mismo, que no puede perderse en la identificación con el otro, sino que se posee de una vez para siempre como máscara impenetrable. Es la identidad del espíritu y su correlato, la unidad de la naturaleza así descalificada se convierte en material caótico de pura división, y el sí mismo omnipotente en mero tener, en identidad abstracta (Horkheimer & Adorno 2018 p.65)

 

En consonancia con la pregunta sobre la libertad y el capitalismo, habría que preguntar si la idealización de libertad que promueve la economía responde al reconocimiento por la diferencia, es decir de quien no tiene el capital para sobrevivir, ya que la uniformidad del modelo impositivo no solo unifica y determina el valor de lo bueno, en cuanto a mayor cantidad de materia se obtenga y de lo malo en cuanto carencia y austeridad, como sinónimo de liviandad, contrario al peso de la materia. Esta es la métrica que propone la sociedad triunfalista del capital, amparado por la clase trabajadora cuya reproducción masiva suma en fuerza y energía, con el fin de engrosar las líneas de producción autómatas, mecanicista y repetitivo, que no se detiene.

El capitalismo asume como lema la libertad como parte de ese mito racionalizado del progreso, sustentado en la ficción occidental, del éxito y la victoria, ovación de una felicidad vana e inexistente, porque la felicidad que propone el liberalismo político como proyecto de vida se sustenta en la destrucción y la violencia. Me sumo a considerar el capitalismo en disonancia con la propuesta de la libertad, en cuanto a la idealización como una estrategia política sin una ética normativa que se ciñe a la imagen y semejanza de la repetición que se inicia con la figura del padre y continúa el eslabón con su hijo que en mayor o menor medida duplicará la hazaña del padre, al menos en cuanto a los imaginarios estéticos y patriarcalitas de la sociedad.  Marx en sus manuscritos económicos resumía la concepción del obrero de la siguiente manera:

Cuanto más quieran ganar, tanto más de su tiempo deben sacrificar y enajenándose de toda libertad, han de realizar, en aras de la codicia un trabajo de esclavos. Con ello acortan su vida. Este acortamiento en la duración de su vida es una circunstancia favorable para la clase obrera en su conjunto porque con él se necesita una nueva oferta. (Marx 2018 p.70).

 

Pensar el cuerpo como un instrumento, milimétricamente desproporcionado, o más bien moldeado por la halterofilia del capital, porque el cuerpo es también una mercancía fetichizada del consumo, pretende consolidar una política sustentada en la heroicidad del terror, de la militarización como exhibición de la fuerza y el poder con el fin de conservar, proteger la idea de nación, de territorio.

La polaridad del bienestar económico en favor de un sectarismo ideológico privilegia a unos y perjudica enormemente a otros, coincido en este sentido con la propuesta de abolir el fantasma de las clases sociales, de la jerarquización impositiva del poder, de los sistemas no equivalenciales que llama Dussel donde el plusvalor se torna invisible y la ganancia es explicada como fruto del trabajo (Dussel E. 2013 pp. 232) pero también de los autoritarismos ideológicos de carácter ético y moral, porque la eticidad griega es corrosiva, y altamente cómplice del modelo capitalista que más daño y destrucción ha causado a la humanidad. El término medio que propone Aristóteles es una condena política de la razón, de la recta razón, que juzga los extremos de la linealidad, bajo el sesgo del defecto y el exceso, de ahí que en su libro II de la Ética a Nicómaco se haga la siguiente afirmación.

 La virtud es una cierta condición intermedia capaz, desde luego, de alcanzar el término medio. Más todavía, es posible errar de muchas maneras (pues lo malo pertenece a lo Ilimitado, tal como lo dibujan los pitagóricos, mientras lo bueno pertenece a lo Limitado) (Aristóteles 2014 pp. 99-100 1106b)   

 

Del término medio podemos hacer el siguiente análisis en relación con el capitalismo desmedido pues no hay poder humano que lo controle, de hecho, una de sus críticas más feroces coincide con el exceso, exceso de trabajo, exceso de explotación del recurso natural, del recurso humano, salarios bajos y pobres (defecto) precios altos y ricos (exceso). Si aceptamos la propuesta ética del término medio y “la recta razón” sería la desaparición de los extremos opuestos; defecto negativo y exceso positivo, con el fin de ejecutar una política distributiva que permita las condiciones necesarias para el desarrollo de la vida y a esto me refiero a una propiedad privada, una sola clase social, ni rica, ni pobre, que no carezca de recursos, ni exceda en la explotación y el consumo desmedido. Pero el capitalismo y el modelo político que lo respalda, acorde a sus necesidades expansivas e invasoras sobre los territorios como el liberalismo y las denominadas democracias, incurren en lo contrario del término medio, en beneficio del centralismo ilusorio, donde se estructura el poder económico, y la justificación racional de la muerte y la violencia, dejando expuestos y debilitados de pensamiento y espíritu, los extremos humanos de la periferia y la marginalidad —que no son minoría, de acuerdo con Francia Márquez—, donde se muere de hambre y se lucha por la dignidad[16].

No obstante, y siguiendo a cabalidad la consigna inicial de este apartado sobre ¿cómo pensar la libertad dentro del sistema capitalista? Sigo en desacuerdo con la idea de que el pobre también es beneficiado en el mercado capitalista, no lo creo así, pues la libertad del pobre nunca será igual a la libertad del rico, si es que nos limitamos a medir la libertad de los hombres y su condición humana en relación al modelo económico, que lo restringe al estado unánime del tener y el no tener, exceso y defecto y dentro de esa lógica capitalista, la libertad es precaria, porque el pobre sin autonomía y sin razón entra en el juego del dominio, de la aceleración y la velocidad de la máquina imposibilitando su manera y forma de decidir sobre una justicia moral, asume el bien como una falsa ilusión de blancura que debe de perseguir por el resto de la eternidad y en esa representación cala de manera acertada el capitalismo, como una prisión de sí mismo, una jauría a la que se es imposible escapar.

[…] El obrero se hace cada vez más dependiente exclusivamente del trabajo, y de un trabajo muy determinado, unilateral y maquinal. Y así, del mismo modo que se ve rebajado en lo espiritual y en lo corporal a la condición de máquina y de hombre queda reducido a una actividad abstracta y a un vientre. (Marx, K. 2013 p.70)

 

Por el contrario, la consigna opuesta del capitalismo que ve en la propiedad privada la libertad de los hombres comulga con mi pretensión normativa de abolir la estructura jerárquica de las clases sociales, desaparecerla, lo que significa no solo la renuncia al clasismo, sino a la desaparición de las figuras de autoridad y hegemonía intelectual que privan de todo acto de libertad y de pensamiento.

Desaparecer la estructura de las clases sociales, presupone varios entramados, primero la confrontación al poder político, generando una política dialógica que permita establecer cercanías con la conciencia y el espíritu, aniquilados por la turba mecanicista del progreso y el capitalismo. Segundo el desarrollo hacia una política económica, fuera de la objetivación, pensada y ejecutada desde y para la concepción moral y estética del reconocimiento, y por último, pensar esa dialéctica de la jerarquía en términos equitativos hacia una igualdad social que dignifique a partir de las condiciones materiales la existencia y el pensamiento para la vida, no desde la perspectiva que propone el liberalismo y la democracia amparados por la concepción capitalista, donde la libertad del pensamiento para la vida se pone en tela de juicio, pues la libertad entendida en su sentido más vago, pero significativa, representa una ruptura y desligamiento de la estructura lineal del poder, distante de toda acción contractualista que vaya dirigida desde el posicionamiento ilustrado y lógico, pues dicho contrato, es la aceptación de un modelo acorde a los criterios benevolentes de la clase privilegiada, escudados en la letanía del capitalismo y la democracia inexistente e ilusoria, cuyo fin es incitar en un primer instante a la violencia y a la barbarie, como agentes de la desestabilidad y el miedo, como bien lo decía Judith Shklar, para luego intervenir, bien sea desde una política correctiva, que condena y ajusta al adoctrinamiento mediático por medio de la acción pedagógica, contagiada con el mismo germen de la violencia acaparada por la institucionalidad educativa, cristiana y militar, cuya repercusión metafísica se normaliza y adecúa en el pathos de la cotidianidad, en la racionalidad mítica de la ficción narrativa, con la que adecuamos una moral divina del salvador padre y héroe que custodia y vigila las riquezas monetarias del territorio, de los intereses del capital, de la propiedad privada.

  

 

Bibliografía:

Aristóteles (1988) La esclavitud es de derecho natural libro I La Política Editorial Gredos 

Aristóteles (2014) Libro II (Trad.) Martínez Calvo. J. Luis. Editorial Alianza

Aristóteles (2017) Poética Libro XII Alianza Editorial, Trad. Villar, L. Alicia.

Benjamin, W. (2019) La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica (Trad.) Ibañez, J. Editorial Tauros 

Benjamin, W. (2019) Tesis sobre el concepto de Historia (Trad.) Ibañez, J. Editorial Tauros 

Benjamin W. (2018) El Autor como Productor. Iluminaciones Trad. Aguirre, J. Editorial Tauros

Butler, J (2000) El Marxismo y lo meramente cultural el modo de producción sexual. ¿Reconocimiento o Redistribución? Un debate entre marxismo y feminismo Judit Butler Nancy Fraser Editorial Traficante de Sueños Madrid España. 

Cohen, G. (2019) Libertad, justicia y capitalismo, Por una vuelta al socialismo o ¿Cómo el capitalismo nos hace menos libres? Editorial Siglo veintiuno. España

Dussel, E (2018) Tesis 13 Principio material normativo y crítico de la economía 16 Tesis de economía Política Interpretación filosófica Editorial Siglo Veintiuno

Fromm, E (2014) C. Arraigo. Fraternidad contra incesto. Psicoanálisis de la sociedad contemporánea. Hacia una sociedad sana. (Trad.) Torner. M. Florentino T Editorial Fondo de Cultura Económica

Marx, K. (2013) Primer manuscrito Manuscritos de economía y filosofía editorial Alianza Madrid

Dussel, E. (2013) Ética y normatividad crítica económica 16 Tesis de economía Política Editorial Buenos Aires Docencia

Horkheimer, M. Theodor A. (2018) Concepto de Ilustración Dialéctica de la Ilustración Fragmentos filosóficos (Trad. Sánchez, J. José) Editorial Trotta

Fromm, E. (2008) Mecanismo de Evasión. El Miedo a la Libertad Trad. Germani, G. Editorial Paidós

Coetzee, J. M (2010) Escenas de una Vida de Provincias Juventud Editorial Random House Mondadori Barcelona

Platón (2019) República III Trad.  Manuel P. J y Fernández G. M Madrid España

René Descartes (2105) Meditación Segunda. Trad. García, M. Morente. Editorial Tecnos

Nietzsche, F. (2018) De la Utilidad y los inconvenientes de la historia para la vida Segunda consideración intempestiva Trad. Joan, B Linares Editorial Tecnos Madrid

Posada S. Gonzalo (2007) Agustín y la Filosofía. Filosofía Medieval Historia. Editorial San Pablo Bogotá

Posada S. Gonzalo (2007) Historia magistra vitae seu de risus historia: anotaciones para una historia de la risa. Filosofía Medieval Historia. Editorial San Pablo Bogotá

 



[1] Fuerza plástica

[2] Op. En La dialéctica de la ilustración se hace mención a Platón y Aristóteles en cuanto exponen el mundo y elevan mediante su pretensión de validez universal las relaciones de dominio, aquella universalidad que él había asumido como medio de comunicación de una sociedad civil (p75)

[3] Los capítulos XXIII- XXVI dedicados a la epopeya en la comedia no se ha conservado, lo que sería el libro II de la poética. Umberto Eco en su novela el Nombre de la rosa recrea la desaparición del libro de Aristóteles en la biblioteca de la Abadía.

 

[4] En el capítulo siguiente abordaré la relación de inmanencia entre lenguaje, pensamiento y vida en entre las categorías de la dialéctica de la ilustración desmitologización y la categoría de ahistórico en Nietzsche.

[5] Materia en el sentido en la forma en que Marx entiende la materia partiendo de la definición del profesor Enrique Dussel en cuanto como ya lo había señalado la materia es contenido que se transforma en trabajo y en mercancía (objeto)  

[6] Hágase la verdad muera la vida. 

[7] Este trabajo pretende establecer a partir de Nietzsche, cómo el pensamiento, matriz del lenguaje y de la vida, se genera a partir de la desestructuración de la unidad.

[8] Meditación Segunda De la naturaleza del espíritu humano, que es más fácil de conocer que el cuerpo.

[9] La palabra y el verbo saltar, como acción y acto del movimiento, gráficamente representan el cambio de ubicación de un estado a otro, bien podría ser trasladar, trascender, estar fuera de, en mención a lo intempestivo, que significa estar fuera del tiempo.

[10] Nietzsche se refiere sus replicadores, profesores, historiadores, y eruditos de la cultura, quienes profesan modelos de conocimiento, encubiertos bajo la túnica del saber.

[11] La categoría de “reproducción” o “reproductibilidad” de la cual hago mención en el epígrafe de este apartado, parte con el fin de relacionar el objeto que se reproduce masivamente y pierde su aura con el objeto humano en dos vías, que quisiera señalar, la deshumanización por pérdida o “reducción de la vida” como objeto humano mercantilizado que se reproduce en la multitud.

[12] ¿En qué consiste el aspecto material de la economía?

[13] Erich Fromm habla de la muerte como un anhelo fantasioso de los seres humanos por querer retornar por medio de actos imaginarios a la matriz de la madre, a la tierra materna, es un tránsito entre la vida y la muerte, un deseo por retornar a la caverna, al pasado, para luego irrumpir con las exigencias del progreso y la sociedad (p.40)    

[14] La vida es producto de la irracionalidad de la especie.

[15] En el texto original dice “redimida”

[16] Las minorías para la vicepresidente de Colombia son la mayor parte de la humanidad no reconocida y representan un grupo poblacional amplio en la sociedad.

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